¿Qué vale más el collar o el perro?

Aprovechando este cabreo que tengo, he decidió no esperar más y pasar a la acción. Y ahora quiero compartir contigo mi aventura de esta mañana…

Supongo que todos hemos tenido alguna vez, o mejor dicho: muchas veces, algún problema con nuestra compañía de telecomunicaciones: telefonía móvil, fija, de Internet, de televisión por cable… Ya sean facturas incorrectas, cambio unilateral de las condiciones del contrato (principalmente tarifas), o activación de algún servicio no solicitado (slamming), resistencia a la hora de darnos de baja, complicaciones en la portabilidad, publicidad engañosa, letra tan pequeña que no se ve por ninguna parte, clausulas abusivas, promoción mal aplicada, un servicio que no funciona o que funciona mal, y un etcétera con el que no pretendo descansar de pensar, sino evitar que te enrabietes como lo estoy yo en este momento.

La práctica habitual ante una situación como ésta es la de abdicar de nuestros derechos, encendernos durante unos minutos, contárselo a nuestros amigos y escuchar la tan manida frase de: “pues eso es lo que hay y no podemos hacer nada, porque si te metes en pleitos te va a costar más caro el collar que el perro”.

No sé tú, pero a mí me jode mucho el hecho de que estas empresas se aprovechen precisamente de que los collares de los perros sean tan caros. Y lo peor de todo es que cuando me miro en el espejo, además de que no me gusta lo que veo, se me pone una cara de tonto que no me aguanto…

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