¿Te imaginas un partido político sin ánimo de lucro?

Siempre he pensado que la mayoría de los políticos se comportan como si el partido al que pertenecen fuera un fin en sí mismo, y se olvidan de que el partido no es más que una herramienta para hacer políticas en favor de los ciudadanos.

La mayoría de los políticos no entienden las necesidades del pueblo porque desde que se profesionalizan dentro de sus partidos dejan de formar parte del pueblo.

Y para colmo, desde que en las pasadas elecciones europeas la formación PODEMOS diera tamaña sorpresa consiguiendo cinco escaños y convirtiéndose de repente en la cuarta fuerza política de nuestro país, se ha agravado aún más la situación: ha quedado patente que para la mayoría de los políticos pertenecientes a los partidos tradicionales somos unos simples clientes, y por ende, los partidos son unas meras empresas.

Las empresas mercadean con productos y servicios, y los partidos lo hacen con los votos; por eso, para los partidos, los estudios demoscópicos no son más que estudios de mercado que les ayuda a prever el número de votos (de clientes) que van a conseguir en las próximas elecciones.

Repito: para los partidos somos clientes. Somos simplemente una fuente de financiación: cuantos más votos obtiene un partido (cuanta más representación parlamentaria logra), más dinero consigue.

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¿Te gustaría que nuestros políticos pasaran una temporadita cobrando 426 euracos?

Nuestro sistema actual ha colapsado. Ya no funciona, pero es que tampoco tiene arreglo. Se le han hecho tantos apaños que ya ni siquiera parece un sistema, ni siquiera se sostiene en pié, como está quedando patente. La única solución que hay es desmontar el sistema. No me refiero a destruirlo, porque aunque no funciona es el mejor de todos, al menos sobre el papel. Y para que funcione, hay que volver a sacar el papel, ponerlo encima de la mesa, desmontar el sistema por piezas y montarlo de nuevo, pero basándonos en lo que aparece en el papel y en todo lo que hemos aprendido durante todos estos años. Probablemente podremos reutilizar algunas piezas, pero otras están rotas, otras estropeadas sin arreglo, otras sucias, otras son incompatibles con las que podemos reutilizar y no encajan, y por supuesto, tendremos que fabricar muchas piezas nuevas. Y mientras se crea o se monta el nuevo sistema, tendríamos que dejarles el timón del barco España a los tecnócratas.

Estamos inmersos en una especie de círculo vicioso que hay romper para convertirlo en virtuoso. Y sólo hay una manera de romper un círculo vicioso: rompiéndolo.

Sí, pienso que urge crear un gobierno de unidad nacional.

El concepto parece ser claro. Un gobierno de unidad nacional (o de concertación nacional) es aquél en el que no existe ningún credo, religión ni ideología para donde se pueda inclinar la balanza. Es aquél en el que sus representantes, los tecnócratas (técnicos que saben gobernar), tiran al unísono para un mismo lado y buscan el bien común para todos los ciudadanos de su país y no para ningún partido concreto (como ahora) ni para algunos votantes (como ahora) ni para algunos simpatizantes (como ahora), sino para todos.

Un gobierno de unidad nacional está basado en el más lógico de los principios: con la fuerza de todos y remando en una misma dirección, llegaremos al destino previsto de una forma más rápida y eficiente.

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