¿Te imaginas un partido político sin ánimo de lucro?

Siempre he pensado que la mayoría de los políticos se comportan como si el partido al que pertenecen fuera un fin en sí mismo, y se olvidan de que el partido no es más que una herramienta para hacer políticas en favor de los ciudadanos.

La mayoría de los políticos no entienden las necesidades del pueblo porque desde que se profesionalizan dentro de sus partidos dejan de formar parte del pueblo.

Y para colmo, desde que en las pasadas elecciones europeas la formación PODEMOS diera tamaña sorpresa consiguiendo cinco escaños y convirtiéndose de repente en la cuarta fuerza política de nuestro país, se ha agravado aún más la situación: ha quedado patente que para la mayoría de los políticos pertenecientes a los partidos tradicionales somos unos simples clientes, y por ende, los partidos son unas meras empresas.

Las empresas mercadean con productos y servicios, y los partidos lo hacen con los votos; por eso, para los partidos, los estudios demoscópicos no son más que estudios de mercado que les ayuda a prever el número de votos (de clientes) que van a conseguir en las próximas elecciones.

Repito: para los partidos somos clientes. Somos simplemente una fuente de financiación: cuantos más votos obtiene un partido (cuanta más representación parlamentaria logra), más dinero consigue.

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Si remamos sólo por un lado, inevitablemente giraremos en círculos viciosos

Te advierto de que este artículo es el más largo del mundo. Se lee en unos quince minutos.

Hace muchos meses que escribí este post, pero me salió muy largo y como además soy incapaz de quitarle ni una sola frase, he ido demorando el momento de subirlo a este blog. La buena noticia es que nuestra clase política no está por la labor de hacer que este texto se quede obsoleto, sino todo lo contrario: cada vez está más actualizado, y ahora más que nunca.

Si te atreves a leerlo entero, por favor, házmelo saber…

Resulta interesante la manera en que nos ha conducido la clase política hasta el día de hoy. Para comprobar los resultados de sus decisiones no hace falta tener un doctorado en economía o ser un filósofo reconocido. Basta con leer el periódico del día o simplemente con caminar por las calles para comprobar que España no es el país próspero del que no hace muchos años se pregonaba en el Congreso. Qué duda cabe: nos han mentido. Penosamente nos hemos tragado la mentira durante varios años hasta que los políticos no pudieron tapar más el Sol con un dedo, y el resultado de sus decisiones nos condujo a una angustiosa crisis financiera y social. Sin importar si el gobierno haya sido de izquierdas o de derechas, el resultado ha sido un rotundo fracaso. Son nuestros parlamentarios los que tienen el timón de nuestro país y obviamente son malísimos capitanes. Por tanto, muchos nos preguntamos si realmente funciona la democracia, si el actual sistema electoral es el mejor modelo para nosotros, si no hay otros caminos más inteligentes para hacer política sin llegar a fanatismos ideológicos.

Curiosamente, los tertulianos políticos afines a la bancada de la derecha, opinan siempre lo mismo en todos y cada uno de los asuntos; asimismo, aquellos que son afines a la izquierda, también están de acuerdo entre ellos en todas las cuestiones. Por otro lado, los tertulianos a favor del gobierno están de acuerdo con éste en todos los ámbitos; y para los que están en contra, el gobierno no hace más que equivocarse en todo.

Por supuesto, que pase esto con los contertulios políticos no tiene ninguna transcendencia. Ya nos tienen acostumbrados a estas muestras desmedidas de apasionamiento político. El verdadero problema es que este fenómeno también se da en la mayoría de la población; es decir: hay un pensamiento único entre la gente que se posiciona en la derecha, y otro pensamiento único y opuesto al anterior entre la gente de la izquierda.

Ser de la izquierda es, como ser de la derecha... Sigue leyendo

¿Te gustaría que nuestros políticos pasaran una temporadita cobrando 426 euracos?

Nuestro sistema actual ha colapsado. Ya no funciona, pero es que tampoco tiene arreglo. Se le han hecho tantos apaños que ya ni siquiera parece un sistema, ni siquiera se sostiene en pié, como está quedando patente. La única solución que hay es desmontar el sistema. No me refiero a destruirlo, porque aunque no funciona es el mejor de todos, al menos sobre el papel. Y para que funcione, hay que volver a sacar el papel, ponerlo encima de la mesa, desmontar el sistema por piezas y montarlo de nuevo, pero basándonos en lo que aparece en el papel y en todo lo que hemos aprendido durante todos estos años. Probablemente podremos reutilizar algunas piezas, pero otras están rotas, otras estropeadas sin arreglo, otras sucias, otras son incompatibles con las que podemos reutilizar y no encajan, y por supuesto, tendremos que fabricar muchas piezas nuevas. Y mientras se crea o se monta el nuevo sistema, tendríamos que dejarles el timón del barco España a los tecnócratas.

Estamos inmersos en una especie de círculo vicioso que hay romper para convertirlo en virtuoso. Y sólo hay una manera de romper un círculo vicioso: rompiéndolo.

Sí, pienso que urge crear un gobierno de unidad nacional.

El concepto parece ser claro. Un gobierno de unidad nacional (o de concertación nacional) es aquél en el que no existe ningún credo, religión ni ideología para donde se pueda inclinar la balanza. Es aquél en el que sus representantes, los tecnócratas (técnicos que saben gobernar), tiran al unísono para un mismo lado y buscan el bien común para todos los ciudadanos de su país y no para ningún partido concreto (como ahora) ni para algunos votantes (como ahora) ni para algunos simpatizantes (como ahora), sino para todos.

Un gobierno de unidad nacional está basado en el más lógico de los principios: con la fuerza de todos y remando en una misma dirección, llegaremos al destino previsto de una forma más rápida y eficiente.

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¿Así podemos acabar con el paro en España?

El problema del paro en España se ha convertido en un círculo vicioso. Y se me ocurre una solución tan sencilla, que si no se está aplicando desde hace mucho tiempo, seguro que es porque mi idea tiene alguna falla.  Por eso, quiero compartirla contigo, a ver si tú descubres algo que a mí se me está pasando por alto, o por el contrario, estás de acuerdo conmigo.

A continuación te desgloso mi idea:

  • En España hay muchos desempleados. Los hay que desgraciadamente no tienen ningún tipo de ingresos, y los hay que están cobrando algún tipo de prestación.
  • Las empresas españolas siguen despidiendo trabajadores porque no tienen liquidez para pagarles, porque sus ventas (sus ingresos) han bajado y lo siguen haciendo. Es decir, como el consumo está disminuyendo el empresario se ve obligado a despedir a sus trabajadores.
  • Los parados que no tienen ingresos no pueden consumir, lógica y desgraciadamente.
  • Los parados que sí tienen algún tipo de ingresos tampoco pueden consumir, porque los ingresos provenientes de los subsidios son insuficientes, sólo les permite pagar sus gastos básicos.
  • Por otro lado, cuanto más paro hay, menos ingresa el Estado en concepto de impuestos, tanto directos como indirectos. Por eso, el Estado cada vez tiene menos dinero para seguir haciendo frente a los subsidios de los desempleados.
  • Los empresarios y emprendedores españoles tienen muchas y buenas ideas para generar riqueza, pero necesitan contratar trabajadores con los que desarrollar esas ideas emprendedoras, pero no tienen liquidez para pagar a esos trabajadores, porque como decíamos en un punto anterior, el consumo sigue disminuyendo.
  • Y aquí está el círculo vicioso: los parados no consumen, como éstos no consumen las empresas no venden, y como las empresas no ingresan dinero suficiente se ven obligadas a despedir a más trabajadores, por tanto, aumenta el número de parados, el consumo sigue bajando, las empresas venden cada vez menos y tienen que despedir a más trabajadores. De manera que el Estado ingresa cada vez menos y los recortes siguen aumentando, entre ellos, los subsidios para los desempleados.

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