¿Y quién se atreve a ponerle el cascabel al gato?

Para afrontar la lectura de este artículo es necesario poner a prueba todo el coraje mental con el que uno cuenta, para liberar el pensamiento de paradigmas mentales y desafiar el peso de la tradición. Si acaso no leyeras este artículo completamente, entonces no me darás la oportunidad de mostrarte la profundidad de mi tesis y las razones por las que la expongo. En consecuencia sacarás tus propias conclusiones antes de que yo pueda explicarte las mías.

Con seguridad esto que pienso no va a gustar a mucha gente y tampoco me va a ayudar a hacer amigos. Pero es imprescindible decir lo que pensamos y mucho más si consideramos que aquellas conclusiones a las que nos han llevado nuestras reflexiones son de importancia superlativa. Sucede que, de vez en cuando, al reflexionar sobre ciertas cosas aparentemente simples de la vida y de las relaciones interpersonales, conseguimos identificar enormes desajustes e injusticias sociales sobre los que se fundamenta nuestra sociedad.

Quién no se ha planteado alguna vez la pregunta de ¿por qué hay tanta desigualdad e injusticia social y económica entre los seres humanos? ¿Cómo es posible que haya tanta gente que se muere de hambre y de sed mientras que otras personas tienen más dinero del que se podrían gastar en un millón de vidas que duraran mil años cada una?

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Si remamos sólo por un lado, inevitablemente giraremos en círculos viciosos

Te advierto de que este artículo es el más largo del mundo. Se lee en unos quince minutos.

Hace muchos meses que escribí este post, pero me salió muy largo y como además soy incapaz de quitarle ni una sola frase, he ido demorando el momento de subirlo a este blog. La buena noticia es que nuestra clase política no está por la labor de hacer que este texto se quede obsoleto, sino todo lo contrario: cada vez está más actualizado, y ahora más que nunca.

Si te atreves a leerlo entero, por favor, házmelo saber…

Resulta interesante la manera en que nos ha conducido la clase política hasta el día de hoy. Para comprobar los resultados de sus decisiones no hace falta tener un doctorado en economía o ser un filósofo reconocido. Basta con leer el periódico del día o simplemente con caminar por las calles para comprobar que España no es el país próspero del que no hace muchos años se pregonaba en el Congreso. Qué duda cabe: nos han mentido. Penosamente nos hemos tragado la mentira durante varios años hasta que los políticos no pudieron tapar más el Sol con un dedo, y el resultado de sus decisiones nos condujo a una angustiosa crisis financiera y social. Sin importar si el gobierno haya sido de izquierdas o de derechas, el resultado ha sido un rotundo fracaso. Son nuestros parlamentarios los que tienen el timón de nuestro país y obviamente son malísimos capitanes. Por tanto, muchos nos preguntamos si realmente funciona la democracia, si el actual sistema electoral es el mejor modelo para nosotros, si no hay otros caminos más inteligentes para hacer política sin llegar a fanatismos ideológicos.

Curiosamente, los tertulianos políticos afines a la bancada de la derecha, opinan siempre lo mismo en todos y cada uno de los asuntos; asimismo, aquellos que son afines a la izquierda, también están de acuerdo entre ellos en todas las cuestiones. Por otro lado, los tertulianos a favor del gobierno están de acuerdo con éste en todos los ámbitos; y para los que están en contra, el gobierno no hace más que equivocarse en todo.

Por supuesto, que pase esto con los contertulios políticos no tiene ninguna transcendencia. Ya nos tienen acostumbrados a estas muestras desmedidas de apasionamiento político. El verdadero problema es que este fenómeno también se da en la mayoría de la población; es decir: hay un pensamiento único entre la gente que se posiciona en la derecha, y otro pensamiento único y opuesto al anterior entre la gente de la izquierda.

Ser de la izquierda es, como ser de la derecha... Sigue leyendo

No siento las piernas…

Esta mañana tuve la mala suerte de cruzarme en vivo con el desahucio de una vivienda. Creo que ha sido la situación más desagradable que he presenciado en toda mi vida.

Desde que era un niño siempre me sentí tentado a defender a otros niños cuando eran atacados por las pandillas de gamberros. Por supuesto que me llevé más de una galleta por meterme en lo que supuestamente, y según decían los propios gamberros, no me incumbía. Pero es que realmente sí me incumbía, y mucho. Supongo que por aquello me apunté muy joven a las clases de Tae Kwon Do del maestro Lee. Siempre me he sentido muy sensibilizado por las causas de los más débiles, pero además, nunca me he podido contener.

Esta mañana, sin ir más lejos, me dirigí hacia uno de los policías nacionales que estaban ejecutando el desahucio de aquella familia. Supongo que el nota aquel, vestido de azul marino, mediría más de 1,95 m, lo cual me enervó aún más y le espeté textualmente: “Sé que cumples con tu trabajo, pero ¿te imaginas que esa mujer que llora mientras que tus dos compañeros la están sacando a la fuerza de su casa fuera tu hermana?”

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Entre todos la provocaron y ella sola se produjo…

Actualmente, la palabra más utilizada por todos los españoles sin duda es “crisis”. Cuando hablamos y escribimos verbalizamos nuestros pensamientos. Por tanto, si la palabra “crisis” es la que más expresamos, significa que es la que más nos ronda por la cabeza. El término “crisis” está determinando e influyendo en nuestra forma de pensar. Si pensamos en crisis, actuamos de forma apurada, incrédula, temerosa, insegura, angustiada, inestable, vacilante, irresolutiva, indecisa, imprecisa, desconfiada… sospechosa. Y si actuamos de esta manera, la crisis nos ahoga aún más. Por tanto, estamos inmersos en una especie de círculo vicioso: la recesión nos lleva a pensar de forma crítica, y nuestra forma de pensar nos hace actuar de forma recesiva, y esto incrementa aún más esta situación de crisis…

Por eso, es necesario romper este círculo vicioso por alguna parte para que volvamos a recuperar la confianza y podamos fomentar una actitud positiva frente a la actual crisis económica.

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¿Así podemos acabar con el paro en España?

El problema del paro en España se ha convertido en un círculo vicioso. Y se me ocurre una solución tan sencilla, que si no se está aplicando desde hace mucho tiempo, seguro que es porque mi idea tiene alguna falla.  Por eso, quiero compartirla contigo, a ver si tú descubres algo que a mí se me está pasando por alto, o por el contrario, estás de acuerdo conmigo.

A continuación te desgloso mi idea:

  • En España hay muchos desempleados. Los hay que desgraciadamente no tienen ningún tipo de ingresos, y los hay que están cobrando algún tipo de prestación.
  • Las empresas españolas siguen despidiendo trabajadores porque no tienen liquidez para pagarles, porque sus ventas (sus ingresos) han bajado y lo siguen haciendo. Es decir, como el consumo está disminuyendo el empresario se ve obligado a despedir a sus trabajadores.
  • Los parados que no tienen ingresos no pueden consumir, lógica y desgraciadamente.
  • Los parados que sí tienen algún tipo de ingresos tampoco pueden consumir, porque los ingresos provenientes de los subsidios son insuficientes, sólo les permite pagar sus gastos básicos.
  • Por otro lado, cuanto más paro hay, menos ingresa el Estado en concepto de impuestos, tanto directos como indirectos. Por eso, el Estado cada vez tiene menos dinero para seguir haciendo frente a los subsidios de los desempleados.
  • Los empresarios y emprendedores españoles tienen muchas y buenas ideas para generar riqueza, pero necesitan contratar trabajadores con los que desarrollar esas ideas emprendedoras, pero no tienen liquidez para pagar a esos trabajadores, porque como decíamos en un punto anterior, el consumo sigue disminuyendo.
  • Y aquí está el círculo vicioso: los parados no consumen, como éstos no consumen las empresas no venden, y como las empresas no ingresan dinero suficiente se ven obligadas a despedir a más trabajadores, por tanto, aumenta el número de parados, el consumo sigue bajando, las empresas venden cada vez menos y tienen que despedir a más trabajadores. De manera que el Estado ingresa cada vez menos y los recortes siguen aumentando, entre ellos, los subsidios para los desempleados.

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¿Recortes…? ¿Por qué no te recortas tú la barba, cojones?

Actualmente, en Facebook y en Twitter, que son dos fieles termómetros de lo que se cuece en la actualidad en nuestra sociedad, hay básicamente tres tipos de mensajes claramente diferenciados:

  • Por un lado están los post que giran en torno a la clase política: burla, mofa, escarnio… contra los políticos en general y contra el gobierno en particular, por las medidas que está tomando para vencer a la crisis. Estos mensajes son una clara mayoría, lo que significa que una mayoría de la población está bastante mosqueada e indignada por la situación actual y contra los que supuestamente la tienen que solucionar.
  • Por otro lado están esos mensajes que tratan sobre el amor, la amistad, la felicidad… Estos mensajes, que no son mayoritarios, denotan claramente que hay una parte de la población que aunque también está indignada, prefiere mirar hacia el lado opuesto, con la esperanza de que siempre nos queda la salud, el amor, la amistad… aunque el paro y los recortes estén aumentando.
  • Y por último están esos mensajes del tipo: “estoy en un chiringuito de la playa de El Palmar tomándome una cañita fresquita y aquí tienes una foto para que me veas”. Estos mensajes, que son minoritarios, provienen de personas que aunque también están crispadas, no están dispuestas a cambiar su forma de vida por culpa de la situación actual.

Lo cierto es que aunque casi todo el mundo está furioso con los políticos, a final de mes, estos van a cobrar sus sueldos, íntegros y sin excepción.

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Voto por un presidente que haya sido pequeño empresario

Siempre he defendido que cualquier autónomo o pequeño empresario con más de diez años de bagaje, salvo excepciones, tiene la experiencia, las habilidades y los conocimientos necesarios y suficientes como para gobernar nuestro país con grandes garantías de éxito.

La gestión que un pequeño empresario desarrolla sobre su pequeña empresa se puede comparar con la gestión que un político, por ejemplo un alcalde, desempeña sobre su localidad.

  • El pequeño empresario tiene clientes; el alcalde tiene ciudadanos.
  • El pequeño empresario ofrece productos o servicios; el alcalde ofrece servicios sociales.
  • El pequeño empresario cobra un justo precio a sus clientes a cambio de los productos y servicios que ofrece; el político cobra impuestos a sus ciudadanos a cambio de los servicios sociales que proporciona.
  • El pequeño empresario tiene que hacer virguerías cada día para mantener a sus clientes actuales, y cuando alguno de ellos queda insatisfecho, se va con la competencia y no vuelve jamás; el alcalde tiene una clientela cautiva, es decir, el ciudadano, tanto si quiere como si no, tanto si está satisfecho como si no, tendrá que seguir pagando sus impuestos, de otra manera le embargarían sus bienes.
  • El pequeño empresario cada año hace el presupuesto para el año siguiente, en otras palabras, hace una previsión de cuánto va a ingresar, de cuánto va a gastar, y por tanto, de cuánto va a ganar; el alcalde también hace cada año el presupuesto del año siguiente, es decir, prevé cuánto va a ingresar en concepto de impuestos, cuánto va a gastar en servicios, y por tanto, cuánto va a ser el superávit (si sobra dinero), o el déficit (si gasta más de lo que ingresa).
  • El pequeño empresario, cuando no le salen las cuentas, es decir, cuando el presupuesto que planeó se le complica porque ingresa menos de lo previsto o gasta más de lo planeado o el margen es menor del deseado, se ve obligado a hacer virguerías para aumentar su clientela o para lograr que sus clientes actuales le compren más productos o servicios; el político, cuando no le salen las cuentas, se inventa un nuevo impuesto o sube los que ya existen o se endeuda a sabiendas de que será el próximo alcalde el que tendrá que bregar con esa deuda.

Evidentemente, todo esto es una prueba inequívoca de que cualquiera puede ser alcalde, o presidente de diputación, o presidente de comunidad autónoma, o presidente de gobierno. Subo los impuestos y punto.