¿Te imaginas un partido político sin ánimo de lucro?

Siempre he pensado que la mayoría de los políticos se comportan como si el partido al que pertenecen fuera un fin en sí mismo, y se olvidan de que el partido no es más que una herramienta para hacer políticas en favor de los ciudadanos.

La mayoría de los políticos no entienden las necesidades del pueblo porque desde que se profesionalizan dentro de sus partidos dejan de formar parte del pueblo.

Y para colmo, desde que en las pasadas elecciones europeas la formación PODEMOS diera tamaña sorpresa consiguiendo cinco escaños y convirtiéndose de repente en la cuarta fuerza política de nuestro país, se ha agravado aún más la situación: ha quedado patente que para la mayoría de los políticos pertenecientes a los partidos tradicionales somos unos simples clientes, y por ende, los partidos son unas meras empresas.

Las empresas mercadean con productos y servicios, y los partidos lo hacen con los votos; por eso, para los partidos, los estudios demoscópicos no son más que estudios de mercado que les ayuda a prever el número de votos (de clientes) que van a conseguir en las próximas elecciones.

Repito: para los partidos somos clientes. Somos simplemente una fuente de financiación: cuantos más votos obtiene un partido (cuanta más representación parlamentaria logra), más dinero consigue.

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Yo no tengo cuenta corriente, y aquí estoy…

Destruye tus tarjetas de crédito y de débitoExiste un odio visceral y generalizado hacia los bancos. Yo particularmente siento ese odio desde que tenía dieciocho años, debido a un motivo que quizá no proceda contarlo en este momento. Este odio que siento se agudizó a finales del año 2007, y por eso, desde entonces yo no uso los servicios bancarios, evito a los bancos, ni siquiera tengo una cuenta corriente ni tarjetas de débito, y mucho menos de crédito. Y aquí estoy, vivito y blogueando…

Uno de mis mayores deseos es tener algún día tanto dinero que me permita comprar todos los bancos españoles. Pero no para gestionarlos, sino para cerrarlos al día siguiente, claro. Imagínate todas las cosas chulas que se podrían montar en los locales que quedarían vacíos… Pero como aún no tengo ese dinero, al menos, estoy haciendo lo posible para que se cierren ellos solos, sin que yo tenga que llegar a comprarlos.

Yaaa, ya sé que los bancos no van a cerrar porque yo no tenga cuenta corriente ni tarjetas. Pero al menos me siento satisfecho porque soy coherente conmigo mismo. Odio a los bancos (igual que ellos nos odian a las personas) y por eso los boicoteo.

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Por 35,33€ yo soy capaz de cruzar a nado el desierto del Sahara

El pasado 7 de agosto recibí un correo electrónico de la empresa de hosting 1and1, en el que me decían lo siguiente (copio y pego):

Estimado/a Manuel Moreno:

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Atentamente,

Esteban Egea

General Manager 1&1 Internet España

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Entre todos la provocaron y ella sola se produjo…

Actualmente, la palabra más utilizada por todos los españoles sin duda es “crisis”. Cuando hablamos y escribimos verbalizamos nuestros pensamientos. Por tanto, si la palabra “crisis” es la que más expresamos, significa que es la que más nos ronda por la cabeza. El término “crisis” está determinando e influyendo en nuestra forma de pensar. Si pensamos en crisis, actuamos de forma apurada, incrédula, temerosa, insegura, angustiada, inestable, vacilante, irresolutiva, indecisa, imprecisa, desconfiada… sospechosa. Y si actuamos de esta manera, la crisis nos ahoga aún más. Por tanto, estamos inmersos en una especie de círculo vicioso: la recesión nos lleva a pensar de forma crítica, y nuestra forma de pensar nos hace actuar de forma recesiva, y esto incrementa aún más esta situación de crisis…

Por eso, es necesario romper este círculo vicioso por alguna parte para que volvamos a recuperar la confianza y podamos fomentar una actitud positiva frente a la actual crisis económica.

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Un billete de 513 euros

Hoy estoy muy cabreado porque una vez más he comprobado que en el ámbito profesional hay personas que se autoproclaman profesionales pero que sin embargo son unos chapuzas, y que siguen haciendo las mismas fullerías que hacían en su etapa estudiantil, porque sin duda las hacían.

Es habitual, y hasta comprensible, que un estudiante al que su profesor le haya encargado hacer un trabajo para entregárselo al cabo de dos semanas, se sienta tentado a dejarlo para más adelante, porque ahora tiene que estudiar para el examen de Matemáticas, o simplemente porque prefiere jugar con la Play Station.

Generalmente, cuando una tarea que debemos resolver no nos resulta agradable, se suele dejar para más adelante. Esto hace que a medida que pasa el tiempo y nos vayamos acercando a la fecha límite, nos vayamos agobiando cada vez más. Asimismo, en la mayoría de nosotros, dejar las cosas para luego conlleva también un sentimiento de culpabilidad.

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Voto por un presidente que haya sido pequeño empresario

Siempre he defendido que cualquier autónomo o pequeño empresario con más de diez años de bagaje, salvo excepciones, tiene la experiencia, las habilidades y los conocimientos necesarios y suficientes como para gobernar nuestro país con grandes garantías de éxito.

La gestión que un pequeño empresario desarrolla sobre su pequeña empresa se puede comparar con la gestión que un político, por ejemplo un alcalde, desempeña sobre su localidad.

  • El pequeño empresario tiene clientes; el alcalde tiene ciudadanos.
  • El pequeño empresario ofrece productos o servicios; el alcalde ofrece servicios sociales.
  • El pequeño empresario cobra un justo precio a sus clientes a cambio de los productos y servicios que ofrece; el político cobra impuestos a sus ciudadanos a cambio de los servicios sociales que proporciona.
  • El pequeño empresario tiene que hacer virguerías cada día para mantener a sus clientes actuales, y cuando alguno de ellos queda insatisfecho, se va con la competencia y no vuelve jamás; el alcalde tiene una clientela cautiva, es decir, el ciudadano, tanto si quiere como si no, tanto si está satisfecho como si no, tendrá que seguir pagando sus impuestos, de otra manera le embargarían sus bienes.
  • El pequeño empresario cada año hace el presupuesto para el año siguiente, en otras palabras, hace una previsión de cuánto va a ingresar, de cuánto va a gastar, y por tanto, de cuánto va a ganar; el alcalde también hace cada año el presupuesto del año siguiente, es decir, prevé cuánto va a ingresar en concepto de impuestos, cuánto va a gastar en servicios, y por tanto, cuánto va a ser el superávit (si sobra dinero), o el déficit (si gasta más de lo que ingresa).
  • El pequeño empresario, cuando no le salen las cuentas, es decir, cuando el presupuesto que planeó se le complica porque ingresa menos de lo previsto o gasta más de lo planeado o el margen es menor del deseado, se ve obligado a hacer virguerías para aumentar su clientela o para lograr que sus clientes actuales le compren más productos o servicios; el político, cuando no le salen las cuentas, se inventa un nuevo impuesto o sube los que ya existen o se endeuda a sabiendas de que será el próximo alcalde el que tendrá que bregar con esa deuda.

Evidentemente, todo esto es una prueba inequívoca de que cualquiera puede ser alcalde, o presidente de diputación, o presidente de comunidad autónoma, o presidente de gobierno. Subo los impuestos y punto.