¿Te imaginas un partido político sin ánimo de lucro?

Siempre he pensado que la mayoría de los políticos se comportan como si el partido al que pertenecen fuera un fin en sí mismo, y se olvidan de que el partido no es más que una herramienta para hacer políticas en favor de los ciudadanos.

La mayoría de los políticos no entienden las necesidades del pueblo porque desde que se profesionalizan dentro de sus partidos dejan de formar parte del pueblo.

Y para colmo, desde que en las pasadas elecciones europeas la formación PODEMOS diera tamaña sorpresa consiguiendo cinco escaños y convirtiéndose de repente en la cuarta fuerza política de nuestro país, se ha agravado aún más la situación: ha quedado patente que para la mayoría de los políticos pertenecientes a los partidos tradicionales somos unos simples clientes, y por ende, los partidos son unas meras empresas.

Las empresas mercadean con productos y servicios, y los partidos lo hacen con los votos; por eso, para los partidos, los estudios demoscópicos no son más que estudios de mercado que les ayuda a prever el número de votos (de clientes) que van a conseguir en las próximas elecciones.

Repito: para los partidos somos clientes. Somos simplemente una fuente de financiación: cuantos más votos obtiene un partido (cuanta más representación parlamentaria logra), más dinero consigue.

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El que vale… vale, y el que no…

Hace pocos años, el primer puesto como deporte nacional se lo disputaban repetidamente el “fútbol” y la “envidia”. Luego, ambos contrincantes fueron relegados al segundo y tercer lugar, respectivamente, pasando a la primera posición “hablar de la crisis”. Pero actualmente, ya tenemos un nuevo deporte nacional: “ser un indignado”, que consiste en quejarse de la crisis en general y de los políticos en particular.

Desde que tengo uso de razón he venido escuchando cómo, de forma generalizada, la gente se ha quejado siempre de todos los gobernantes que hemos tenido en España. Cuando gobernaba Adolfo Suárez, al final de su etapa como presidente del gobierno, hubo un período de tiempo en el que la opinión generalizada era que Suárez no servía para gobernar. Cuando gobernó Felipe González hubo un momento a partir del cual se extendió el sentir general de que González no servía. A José María Aznar también le llegó ese momento. A José Luis Rodríguez Zapatero (por la coyuntura con la que le tocó bregar) le ha llegado mucho antes de lo que nos hubiera gustado. A Mariano Rajoy (por la coyuntura con la que le está tocado bregar) no le ha dado tiempo de disfrutar de las mieles de su cargo. Y al siguiente, sea quien sea, también le va a llegar ese momento. Y al siguiente, y al otro, o A LA OTRA, quién sabe…

Y esto me lleva a preguntarme: “¿y si va a resultar que la culpa no es de los políticos?”

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