Las dichosas cookies; por no decir las putas cookies

Hola, apreciado señor Google:

He de reconocer que le había sobrevalorado. Yo le creía más listo de lo que realmente parece que es.

No se me enoje. Permítame que a continuación me explique.

Siempre he sido consciente de que matar el tiempo no es un asesinato, sino un suicidio; por eso, suelo emplear de forma adecuada las 24 horas de las que dispongo cada día. No obstante, a veces me apetece hacer el ganso y entro en su web, en Google, para buscar información sobre, por ejemplo, “cómo montar una granja de moscas”, y por culpa de las putas cookies, a partir de ese momento, cada vez que navego por Internet usted me bombardea con los putos anuncios Google AdSense de criaderos de insectos.

¿Usted es tonto, señor Google? ¿Realmente cree que voy a montar la puta granja de moscas? ¿No le parecen a usted un coñazo esos putos anuncios? ¿De verdad piensa que está mejorando la experiencia de navegar por Internet? ¿Se cree usted más listo porque es capaz de saber cuáles son las búsquedas que hago en Google para después bombardearme con anuncios sobre dichas búsquedas? ¿O por el contrario usted es tonto y cree que el hecho de que yo busque algo, por las razones que yo sólo sé, significa que me interesa realmente?

No se me enoje, señor Google, pero ¿usted es gilipollas?

Mi pregunta no es retórica, espero respuesta. A ver si es usted tan listo y descubre mi pregunta y me la responde. Con los muertos de las putas cookies.

Un saludo sincero y respetuoso.

Manu Moreno

Anuncios

Si remamos sólo por un lado, inevitablemente giraremos en círculos viciosos

Te advierto de que este artículo es el más largo del mundo. Se lee en unos quince minutos.

Hace muchos meses que escribí este post, pero me salió muy largo y como además soy incapaz de quitarle ni una sola frase, he ido demorando el momento de subirlo a este blog. La buena noticia es que nuestra clase política no está por la labor de hacer que este texto se quede obsoleto, sino todo lo contrario: cada vez está más actualizado, y ahora más que nunca.

Si te atreves a leerlo entero, por favor, házmelo saber…

Resulta interesante la manera en que nos ha conducido la clase política hasta el día de hoy. Para comprobar los resultados de sus decisiones no hace falta tener un doctorado en economía o ser un filósofo reconocido. Basta con leer el periódico del día o simplemente con caminar por las calles para comprobar que España no es el país próspero del que no hace muchos años se pregonaba en el Congreso. Qué duda cabe: nos han mentido. Penosamente nos hemos tragado la mentira durante varios años hasta que los políticos no pudieron tapar más el Sol con un dedo, y el resultado de sus decisiones nos condujo a una angustiosa crisis financiera y social. Sin importar si el gobierno haya sido de izquierdas o de derechas, el resultado ha sido un rotundo fracaso. Son nuestros parlamentarios los que tienen el timón de nuestro país y obviamente son malísimos capitanes. Por tanto, muchos nos preguntamos si realmente funciona la democracia, si el actual sistema electoral es el mejor modelo para nosotros, si no hay otros caminos más inteligentes para hacer política sin llegar a fanatismos ideológicos.

Curiosamente, los tertulianos políticos afines a la bancada de la derecha, opinan siempre lo mismo en todos y cada uno de los asuntos; asimismo, aquellos que son afines a la izquierda, también están de acuerdo entre ellos en todas las cuestiones. Por otro lado, los tertulianos a favor del gobierno están de acuerdo con éste en todos los ámbitos; y para los que están en contra, el gobierno no hace más que equivocarse en todo.

Por supuesto, que pase esto con los contertulios políticos no tiene ninguna transcendencia. Ya nos tienen acostumbrados a estas muestras desmedidas de apasionamiento político. El verdadero problema es que este fenómeno también se da en la mayoría de la población; es decir: hay un pensamiento único entre la gente que se posiciona en la derecha, y otro pensamiento único y opuesto al anterior entre la gente de la izquierda.

Ser de la izquierda es, como ser de la derecha... Sigue leyendo

¿No hay más jefes que indios?

¿Realmente es necesario que los roles de jefe de Estado y de presidente de Gobierno sean ejercidos por dos personas diferentes?

En 1975, y como consecuencia de la justificada fobia que quedó impregnada en una gran parte de la sociedad española a la autoridad vitalicia que se autoimpuso Franco, se le dio al rey muy pocas atribuciones. Tan pocas que si lo pensamos llegamos a la conclusión de que un rey y nada, suman nada. La prueba es que el presidente de Gobierno es quien se ocupa del manejo cotidiano de la nación y de las cosas verdaderamente transcendentales (independientemente de que lo haga mal o peor, éste es otro asunto). Y para desarrollar esta importante labor, el presidente de Gobierno es ayudado por los ministros y por los secretarios de estado que él mismo designa o propone.

En cambio, las funciones del jefe de Estado español son básicamente representativas y su poder es meramente simbólico: preside las ceremonias del Estado como fiestas nacionales y otros actos como inauguraciones, aniversarios y funerales; representa al país en el exterior y es quien recibe a los embajadores y a otros dignatarios extranjeros. Vamos, que no tiene mucho más mérito del que podría tener Pokémon o cualquiera de los Lunnis.

Sigue leyendo

Si no eres único o diferente, entonces eres vulgar, uno más

Estoy feliz, muy feliz.

Hace tres meses me encargaron reescribir los textos de la web de una empresa que, por el compromiso de confidencialidad que pacté, voy a mantener en el anonimato. Esta web tenía una media de unas trece mil “visitas únicas absolutas” diarias, y una media de unas quince mil “páginas vistas”; es decir, trece mil personas diferentes visitaban la web de la empresa, pero cada visitante sólo entraba en 1,15 páginas de la web.

La conclusión que se saca de estos datos es inmediata: la home (o portada o página principal o primera página que aparece cuando entramos en la web) no era suficientemente atractiva como para que los visitantes se sintieran seducidos a seguir navegando en otras páginas de la web e interactuando con ella. La mayoría de los visitantes llegaban, entraban, echaban un vistazo en la home y se iban. Pero lo peor de todo es que el número de llamadas telefónicas y de correos electrónicos que provenían de la web eran escasos. Es decir: los potenciales clientes que visitaban la web no estaban interesados en entablar una conversación con la empresa. Y esto precisamente es lo que alarmó a la dirección.

Sigue leyendo

Las moscas se sienten atraídas por la caca…

La vida es una ridícula paradoja. Millones de personas mantienen extrañas relaciones de amistad en las redes sociales mientras que ni siquiera se percatan de todas esas personas (algunas maravillosas) que hay a su alrededor.

En la cola del supermercado mucha gente se mira con desdén. En la escalera del edificio en el que viven, otras personas se saludan con esa sonrisa de plástico que tienen reservadas para cuando se cruzan con alguien en el ascensor. En el comercio, la persona que atiende al público lo hace de forma mecánica y con prisas, porque ha dejado a medias una conversación de WhatsApp que mantiene con un desconocido de Twitter…

Y qué decir de Fulanito a quien le gusta Menganita, porque ésta es muy guapa, está delgada (porque su metabolismo es muy rápido) y está muy buena; sin embargo no le gusta Zetanita, que a pesar de ser una chica inteligente, cariñosa, trabajadora, emprendedora, creativa, simpática, morbosa, encantadora… “lamentablemente” le sobran unos kilitos. Fulanito casi no sabe que Zetanita existe, nunca se han saludado, a pesar de que ella vive en el edificio de al lado. Sin embargo, Fulanito saluda cada mañana a Menganita, de la cual lo sabe casi todo porque se siguen mutuamente en Facebook.

Sigue leyendo

Sexo, sexo y más sexo…

¡Confirmado!: el sexo es el motor del mundo. Sólo he tenido que utilizar la palabra “sexo” en Twitter y en Facebook para conseguir que esta absurda entrada sea la más leída de mi blog.

Ahora sí que lo tengo claro: dejaré de escribir chorradas y me pondré ahora mismo a crear una web sobre sexo. Mientras tanto, si quieres la novela sobre el 15-M (es GRATIS) entra aquí.

Esto no me entra en la cabeza…

Hace mucho tiempo aprendí que el tema de conversación favorito de cualquier persona es uno mismo. Además, es el único asunto sobre el que lo sabemos todo, todo, todo. No obstante, también aprendí hace mucho tiempo que el tema de conversación que menos le importa a los demás soy yo y todo lo que tiene que ver conmigo; por eso suelo evitar hablar de mí. No obstante, a veces no tengo más remedio que hacerlo, como en esta ocasión, que me viene muy bien para introducir lo que quiero expresar en este post.

Hace pocos años, antes de la crisis, yo tenía dos empresas. En una de ellas trabajaban pocas personas y en la otra un número considerable. En mis dos empresas había cuatro niveles de ingresos: el de los colaboradores que tenían menos responsabilidad, el de los que tenían una responsabilidad intermedia, el de los que tenían una gran responsabilidad, y el mío, que era el que partía el bacalao. Por tanto, yo era el que más cobraba. Y aprovecho para decir que los colaboradores del cuarto nivel, los del nivel menos retribuido, eran bimileuristas, es decir, cobraban más de dos mil euros. ¡Qué tiempos…!

El principio fundamental por el que se rige cualquier empresario es: «nunca hagas nada que pueda hacer otra persona (un colaborador) mejor o igual que uno mismo, y que encima cobre menos». Por “culpa” de este principio es por lo que el empresario es el que más cobra en su empresa, y el máximo responsable de cualquier organización es también en que más cobra de entre todos sus miembros.

Sigue leyendo