La tilde de la discordia

Recuerdo que cuando era un niño me enseñaron que la palabra “solo” debía llevar tilde diacrítica si se podía sustituir por “solamente”, para diferenciarla del “solo” que funciona como adjetivo y así evitar la posible ambigüedad.

Desde que aprendí aquella sencilla regla, cada vez que me enfrentaba ante el vocablo “solo”, de forma automática se producía en mi mente el cambio por “solamente”, y si el significado de la frase seguía siendo el mismo entonces le ponía tilde. No obstante, yo creía que eran pocas las ocasiones en las que pudiera existir confusión entre el adjetivo y el adverbio.

Sin embargo, en 2010, la RAE, en su Ortografía de la Lengua Española eliminó la tilde en “solo” cuando cumple la función de adverbio, incluso en los casos en los que pudiera existir ambigüedad y confundirse con el adjetivo.

Desde entonces, cada vez que me tropiezo con la palabra “solo”, me paro a analizar si existe ambigüedad y, efectivamente, me estoy dando cuenta de que puede haber dudas en más ocasiones de las que antes creía.

La lengua evoluciona teniendo siempre presente el “Principio de economía del lenguaje”; es decir, en el uso del lenguaje también existe la tendencia natural a simplificar las cosas para minimizar el esfuerzo invertido a la hora de comunicar. Pero con este cambio la RAE no ha introducido una simplificación sino una complicación, que además puede generar confusiones.

Sólo con que en una frase pudiera haber dudas, sería razón suficiente para mantener la regla tradicional. En fin, que yo también soy uno de ésos que aún ponen la tilde en el adverbio “sólo”.

Y hablando de “ésos”… Por el mismo razonamiento también sigo poniendo la tilde diacrítica en los demostrativos “este”, “ese” y “aquel”, y en sus respectivos femeninos y plurales, cuando funcionan como pronombre, para diferenciarlos de los determinantes, a pesar de que la RAE también eliminó esta regla en la última edición de la Ortografía de la Lengua Española.

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No creo que sea tan descabellado pensar esto

Me disgustan esas preguntas que me hago y para las que no hallo respuestas, a pesar de buscarlas de forma concienzuda.

No obstante, cuando las encuentro, suelo quedarme tranquilo hasta que me doy cuenta de que tengo que seguir buscando la solución a otras cuestiones.

Llevaba tiempo preguntándome cuántas personas hemos estado en este planeta desde que el ser humano es humano. Es decir, desde el Homo Sapiens moderno; o sea, desde hace unos 50.000 años.

Obviamente, sólo hay datos demográficos científicos de los últimos siglos. Del resto de los años sólo podemos hacer estimaciones. Pero después de investigar en varias fuentes me decanto por pensar que en el planeta azul hemos nacido unos 110 mil millones de seres humanos. Repito: ésta es sólo una estimación, pero no muy descabezada.

Y si ahora somos unos 7 mil millones de personas las que estamos vivas, entonces somos el 6,4 % del total de la humanidad, presente y pasada.

Por tanto, no es tan descabellado pensar que si en los últimos años hay una concentración tan grande de personas (en comparación con los anteriores 50.000 años) podamos estar destruyendo este simpático planeta. Por supuesto sin quererlo. Pero lo peor es que lo estemos haciendo sin saberlo.

Me obligan a enviar por correo electrónico una carta escrita a mano

Un día, dejándome llevar por unas expectativas exageradas, me abrí una cuenta en PaySafecard.com.

Una vez que me registré fue cuando pude acceder a toda la información completa sobre el servicio que ofrecen, y entonces fue cuando descubrí que mis expectativas iniciales habían sido realmente exageradas. Por tanto, decidí darme de baja; sin embargo, no existía ninguna manera de cancelar mi cuenta.

Yo estoy acostumbrado a que se me permita darme de baja de aquellos servicios contratados que ya no me interesan. Pero esta vez no existía la forma de hacerlo; por eso envié varios correos electrónicos solicitando la cancelación de mi cuenta. Y por fin, después de varios (muchos) intentos, me contestaron. Y aquí es donde viene la sorpresa…

Para darme de baja tenía que enviar por correo electrónico una carta escrita a mano. Repito: una carta escrita a mano enviada por correo electrónico. Yo también tuve que leerlo tres veces porque no me lo podría creer ni a la primera ni a la segunda. A la tercera me descojoné.

Incluso me imaginé la situación: yo cogía un folio y un bolígrafo, escribía a mano una carta solicitando la cancelación de mi cuenta, y luego dudé entre si tendría que escanear la carta o hacerle una foto intentando que el reflejo del flash no impidiera que fuera legible, para luego enviarla por correo electrónico. Me volví a descojonar.

Menos mal que mientras me imaginaba haciendo todo eso, por fin recuperé la cordura y pensé: ¿cómo coño voy a escribir una carta a mano (con un objetivo tan absurdo) si hace lustros que no escribo con bolígrafo? Recuerdo que la última vez que anoté un apunte en el reverso de mi tarjeta de visita me entraron unas agujetas en los dedos que me duraron más de cuatro días.

No hombre, me niego a hacer el ridículo de esta manera, a pesar de que cuando me registré en la web de PaySafecard acepté las Condiciones Generales de Contratación, y en concreto el surrealista punto 16.2. Generalmente no leemos las condiciones generales porque tampoco esperamos que en ese texto nos indiquen que para darnos de baja tendremos que enviar por correo electrónico una carta escrita a mano. Me vuelvo a descojonar.

En fin, ya sabes lo que te espera si tú también te abres una cuenta en PaySafecard.com.

Me descojono.

En casa del herrero, blog desactualizado

Ya he recibido muchos correos electrónicos en los que se me pregunta por qué tengo tan abandonado este blog. Y el que acabo de recibir, ha colmado el vaso; por eso, he decidido escribir algo, aunque sea esto…

Es cierto, lo tengo abandonado; pero no es por descuido ni por pereza ni por procrastinación. Yo escribo cada día durante varias horas, y entre otras cosas, escribo una media de tres artículos, pero son para mis clientes.

Como supongo que sabes (o como puedes leer aquí), soy escritor negro; es decir: escribo para todas aquellas personas o empresas que contratan mis servicios de escritor por encargo. De manera que cuando me toca escribir algún post para este blog, siempre —no casi siempre, sino siempre— coincide con la hora de atender otros asuntos que no puedo dejar para otro momento.

Así las cosas, pasa un día y otro y otro y otro… y efectivamente, me ocurre lo mismo que al herrero, en cuya casa los cubiertos son de madera, porque el pobre herrero no para de hacer cubiertos de acero para sus clientes. No obstante, el herrero no se queja: prefiere poder pagar la hipoteca de su casa a comer con una cuchara de acero.

Y yo, al igual que el herrero, tampoco me pienso quejar.

Es ella…

Intento ser libre pero no lo consigo. Ella me tiene encadenado y dominado. Trato de esquivarla pero me atrae y me hipnotiza. No puedo vivir sin ella aunque quiero hacerlo. Sé que no me conviene porque si no me hizo daño a la entrada, me lo hará a la salida. Sé que ella no me conviene…

Es la más dura de las drogas. Y cuando ya creí haberla vencido reaparece de nuevo tentándome, provocándome, animándome, convenciéndome, cautivándome… Es ella.

Ya me la prohibí una vez y volví a caer. Me la prohíbo ahora pero sé que en ella caeré de nuevo. Espero no convertirme en el único animal que de tanto tropezar con la misma piedra la acabe convirtiendo en arena fina.

Ella me domina, me ciega, me fascina, la tengo en mi mente de forma crónica. Me esfuerzo por no rendirme fácilmente; lucho de forma brava por escaparme de su hechizo, pero todo resulta baldío e inútil, porque ella es ella y me atrapa.

Es fácil caer en sus garras porque cuando ella me falta, la vida es en blanco y negro, vacía y sin sentido. En cambio, cuando me tiene entre sus garras, la vida es como el arco iris, me dan placenteros ataques de taquicardia y me sube la tensión de forma deliciosa: pum pum, pum pum, pum pum… Es ella.

Pero me da miedo, mucho miedo, porque ella es lo único en esta vida que de un chasquido me puede llevar de la euforia al desánimo, del clímax al vacío, del mismo paraíso al averno… Lo malo es que cuando has estado en el paraíso que es ella, ya no puedes conformarte con vivir sin ella y con los pies en la Tierra.

Qué puedo hacer contra esa droga tan poderosa que una vez que la has probado ya no puedes desengancharte de ella…

Es ella.

¿Te gustaría que nuestros políticos pasaran una temporadita cobrando 426 euracos?

Nuestro sistema actual ha colapsado. Ya no funciona, pero es que tampoco tiene arreglo. Se le han hecho tantos apaños que ya ni siquiera parece un sistema, ni siquiera se sostiene en pié, como está quedando patente. La única solución que hay es desmontar el sistema. No me refiero a destruirlo, porque aunque no funciona es el mejor de todos, al menos sobre el papel. Y para que funcione, hay que volver a sacar el papel, ponerlo encima de la mesa, desmontar el sistema por piezas y montarlo de nuevo, pero basándonos en lo que aparece en el papel y en todo lo que hemos aprendido durante todos estos años. Probablemente podremos reutilizar algunas piezas, pero otras están rotas, otras estropeadas sin arreglo, otras sucias, otras son incompatibles con las que podemos reutilizar y no encajan, y por supuesto, tendremos que fabricar muchas piezas nuevas. Y mientras se crea o se monta el nuevo sistema, tendríamos que dejarles el timón del barco España a los tecnócratas.

Estamos inmersos en una especie de círculo vicioso que hay romper para convertirlo en virtuoso. Y sólo hay una manera de romper un círculo vicioso: rompiéndolo.

Sí, pienso que urge crear un gobierno de unidad nacional.

El concepto parece ser claro. Un gobierno de unidad nacional (o de concertación nacional) es aquél en el que no existe ningún credo, religión ni ideología para donde se pueda inclinar la balanza. Es aquél en el que sus representantes, los tecnócratas (técnicos que saben gobernar), tiran al unísono para un mismo lado y buscan el bien común para todos los ciudadanos de su país y no para ningún partido concreto (como ahora) ni para algunos votantes (como ahora) ni para algunos simpatizantes (como ahora), sino para todos.

Un gobierno de unidad nacional está basado en el más lógico de los principios: con la fuerza de todos y remando en una misma dirección, llegaremos al destino previsto de una forma más rápida y eficiente.

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Hoy es viernes, y como cada viernes…

Llevo unos días sin entrar en el blog y por eso no he actualizado. Estoy bastante ocupado con el trabajo: actualmente estoy escribiendo tres novelas, una de ellas es para mí, y además estoy corrigiendo un libro que tengo que entregar muy pronto a su autora.

No obstante, hoy es viernes, y como cada viernes me gusta celebrar que no tengo nada que celebrar; por eso, todos los viernes me hago algún regalo, pero no uno de ésos caros, sino de esos otros que se hacen con amor… Hoy me he preparado una tarta de galletas maría con natillas de chocolate.

Hace un rato me fui al hipermercado a comprar galletas maría y los avíos para hacer natillas de chocolate. Ah, y ya puestos me he comprado también un kilo de tortas pardas. A los no creyentes siempre les digo que la prueba inequívoca de que Dios existe, es que existen las tortas pardas. Ningún mortal podría hacer esa exquisitez tan deliciosa sin la ayuda de la Divina Providencia. Sería imposible.

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