En casa del herrero, blog desactualizado

Ya he recibido muchos correos electrónicos en los que se me pregunta por qué tengo tan abandonado este blog. Y el que acabo de recibir, ha colmado el vaso; por eso, he decidido escribir algo, aunque sea esto…

Es cierto, lo tengo abandonado; pero no es por descuido ni por pereza ni por procrastinación. Yo escribo cada día durante varias horas, y entre otras cosas, escribo una media de tres artículos, pero son para mis clientes.

Como supongo que sabes (o como puedes leer aquí), soy escritor negro; es decir: escribo para todas aquellas personas o empresas que contratan mis servicios de escritor por encargo. De manera que cuando me toca escribir algún post para este blog, siempre —no casi siempre, sino siempre— coincide con la hora de atender otros asuntos que no puedo dejar para otro momento.

Así las cosas, pasa un día y otro y otro y otro… y efectivamente, me ocurre lo mismo que al herrero, en cuya casa los cubiertos son de madera, porque el pobre herrero no para de hacer cubiertos de acero para sus clientes. No obstante, el herrero no se queja: prefiere poder pagar la hipoteca de su casa a comer con una cuchara de acero.

Y yo, al igual que el herrero, tampoco me pienso quejar.

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Es ella…

Intento ser libre pero no lo consigo. Ella me tiene encadenado y dominado. Trato de esquivarla pero me atrae y me hipnotiza. No puedo vivir sin ella aunque quiero hacerlo. Sé que no me conviene porque si no me hizo daño a la entrada, me lo hará a la salida. Sé que ella no me conviene…

Es la más dura de las drogas. Y cuando ya creí haberla vencido reaparece de nuevo tentándome, provocándome, animándome, convenciéndome, cautivándome… Es ella.

Ya me la prohibí una vez y volví a caer. Me la prohíbo ahora pero sé que en ella caeré de nuevo. Espero no convertirme en el único animal que de tanto tropezar con la misma piedra la acabe convirtiendo en arena fina.

Ella me domina, me ciega, me fascina, la tengo en mi mente de forma crónica. Me esfuerzo por no rendirme fácilmente; lucho de forma brava por escaparme de su hechizo, pero todo resulta baldío e inútil, porque ella es ella y me atrapa.

Es fácil caer en sus garras porque cuando ella me falta, la vida es en blanco y negro, vacía y sin sentido. En cambio, cuando me tiene entre sus garras, la vida es como el arco iris, me dan placenteros ataques de taquicardia y me sube la tensión de forma deliciosa: pum pum, pum pum, pum pum… Es ella.

Pero me da miedo, mucho miedo, porque ella es lo único en esta vida que de un chasquido me puede llevar de la euforia al desánimo, del clímax al vacío, del mismo paraíso al averno… Lo malo es que cuando has estado en el paraíso que es ella, ya no puedes conformarte con vivir sin ella y con los pies en la Tierra.

Qué puedo hacer contra esa droga tan poderosa que una vez que la has probado ya no puedes desengancharte de ella…

Es ella.