Si no eres único o diferente, entonces eres vulgar, uno más

Estoy feliz, muy feliz.

Hace tres meses me encargaron reescribir los textos de la web de una empresa que, por el compromiso de confidencialidad que pacté, voy a mantener en el anonimato. Esta web tenía una media de unas trece mil “visitas únicas absolutas” diarias, y una media de unas quince mil “páginas vistas”; es decir, trece mil personas diferentes visitaban la web de la empresa, pero cada visitante sólo entraba en 1,15 páginas de la web.

La conclusión que se saca de estos datos es inmediata: la home (o portada o página principal o primera página que aparece cuando entramos en la web) no era suficientemente atractiva como para que los visitantes se sintieran seducidos a seguir navegando en otras páginas de la web e interactuando con ella. La mayoría de los visitantes llegaban, entraban, echaban un vistazo en la home y se iban. Pero lo peor de todo es que el número de llamadas telefónicas y de correos electrónicos que provenían de la web eran escasos. Es decir: los potenciales clientes que visitaban la web no estaban interesados en entablar una conversación con la empresa. Y esto precisamente es lo que alarmó a la dirección.

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