Sexo, sexo y más sexo…

¡Confirmado!: el sexo es el motor del mundo. Sólo he tenido que utilizar la palabra “sexo” en Twitter y en Facebook para conseguir que esta absurda entrada sea la más leída de mi blog.

Ahora sí que lo tengo claro: dejaré de escribir chorradas y me pondré ahora mismo a crear una web sobre sexo. Mientras tanto, si quieres la novela sobre el 15-M (es GRATIS) entra aquí.

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Esto no me entra en la cabeza…

Hace mucho tiempo aprendí que el tema de conversación favorito de cualquier persona es uno mismo. Además, es el único asunto sobre el que lo sabemos todo, todo, todo. No obstante, también aprendí hace mucho tiempo que el tema de conversación que menos le importa a los demás soy yo y todo lo que tiene que ver conmigo; por eso suelo evitar hablar de mí. No obstante, a veces no tengo más remedio que hacerlo, como en esta ocasión, que me viene muy bien para introducir lo que quiero expresar en este post.

Hace pocos años, antes de la crisis, yo tenía dos empresas. En una de ellas trabajaban pocas personas y en la otra un número considerable. En mis dos empresas había cuatro niveles de ingresos: el de los colaboradores que tenían menos responsabilidad, el de los que tenían una responsabilidad intermedia, el de los que tenían una gran responsabilidad, y el mío, que era el que partía el bacalao. Por tanto, yo era el que más cobraba. Y aprovecho para decir que los colaboradores del cuarto nivel, los del nivel menos retribuido, eran bimileuristas, es decir, cobraban más de dos mil euros. ¡Qué tiempos…!

El principio fundamental por el que se rige cualquier empresario es: «nunca hagas nada que pueda hacer otra persona (un colaborador) mejor o igual que uno mismo, y que encima cobre menos». Por “culpa” de este principio es por lo que el empresario es el que más cobra en su empresa, y el máximo responsable de cualquier organización es también en que más cobra de entre todos sus miembros.

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