No siento las piernas…

Esta mañana tuve la mala suerte de cruzarme en vivo con el desahucio de una vivienda. Creo que ha sido la situación más desagradable que he presenciado en toda mi vida.

Desde que era un niño siempre me sentí tentado a defender a otros niños cuando eran atacados por las pandillas de gamberros. Por supuesto que me llevé más de una galleta por meterme en lo que supuestamente, y según decían los propios gamberros, no me incumbía. Pero es que realmente sí me incumbía, y mucho. Supongo que por aquello me apunté muy joven a las clases de Tae Kwon Do del maestro Lee. Siempre me he sentido muy sensibilizado por las causas de los más débiles, pero además, nunca me he podido contener.

Esta mañana, sin ir más lejos, me dirigí hacia uno de los policías nacionales que estaban ejecutando el desahucio de aquella familia. Supongo que el nota aquel, vestido de azul marino, mediría más de 1,95 m, lo cual me enervó aún más y le espeté textualmente: “Sé que cumples con tu trabajo, pero ¿te imaginas que esa mujer que llora mientras que tus dos compañeros la están sacando a la fuerza de su casa fuera tu hermana?”

Ni te imaginas la impotencia que sentí cuando el madero me pidió el DNI para que me identificara.

Me cago en sus muertos.

A pesar de la provocación de mis palabras y de mi lenguaje corporal, el tío no reaccionó como yo esperaba. En aquel momento lo que yo deseaba era que hubiera desenvainado su porra y me hubiera pegado un palazo como si yo fuera uno de aquellos indefensos manifestantes del 25-S, y así hubiera tenido motivos para darle el piñazo que se merecía un tío de dos metros que se dirigía a paso rápido a ayudar a otros dos maderos que arrastraban de los brazos a una mujer desamparada que ni siquiera pesaría unos cincuenta kilos.

Yo me cago en sus muertos.

No obstante, ahora que lo pienso con perspectiva, me alegro de que aquel poli tuviera la sangre fría de no dejarse provocar por mí, porque si no, seguro que ahora yo llevaría un traje a rayas con una bola de cien kilos atada a mis tobillos.

Era tan injusto lo que estaba presenciando esta mañana que no reparé en las consecuencias de mis actos. Y es que cuando tienes casi toda tu sangre concentrada en tu sien, a punto de reventarte la arteria temporal, no eres capaz de pensar en consecuencias ni en zarandajas. Lo único que te apetece es cagarte en los muertos de alguien.

Cuando voy a comer a la casa de mi madre, a veces, en las noticias de la tele he presenciado esas violentas e injustas escenas de desahucio, aunque yo creía que sólo pasaban en la televisión de mi madre. Pero no, también ocurren por aquí cerca.

¿Aquellos policías estaban cumpliendo con su obligación? Entonces yo me cago en los muertos de esas obligaciones.

Si mi admirado Sylvester Stallone hubiera interpretado en alguna de sus películas a un poli al que le hubiera tocado ejecutar un desahucio, sin dudarlo ni un segundo se hubiera reunido con sus compañeros y los hubiera convencido para que se negaran a cumplir con tal obligación. Además, les diría, con su característica voz aguardentosa y con ese tono lloroso: “No podemos sacar a esa pobre gente de sus casas. Si no las pagan es porque no pueden, no porque no quieren. Mejor vayamos a sacar de sus putas mansiones a esos cabrones banqueros que se han ido de rositas con indemnizaciones millonarias después de haber quebrado el sistema financiero español, mientras cobraban inmerecidamente esos sueldos estratosféricos. Y si un juez ordena que se desahucie a una familia, pues que vaya él y el puto banquero a sacarles de allí. Pero nosotros, los polis, estamos aquí para defender a los buenos de los malhechores, y no para sacar a las familias de sus casas. Así que a partir de ahora, neguémonos todos. Si todos nos negamos, no podrán hacer nada contra todos, y si lo hacen, tendremos el apoyo de todos esos ciudadanos a los que tenemos que ayudar y no desahuciar.”

Si Silvester Stallone fuera policía nacional, conseguiría que todos, absolutamente todos los policías nacionales se negaran a cumplir con esa mierda de obligación, y este país sería más justo y coherente.

Todos tenemos el Derecho a la Objeción de Conciencia, que es la potestad de rechazar el cumplimiento de determinadas obligaciones jurídicas por considerarse contrarias a nuestras creencias éticas o religiosas.

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8 pensamientos en “No siento las piernas…

  1. Muy duro amigo Manu, realmente es extremecedor ver como te tiran a la calle a ti y a tu familia, pero no le echemos la culpa a los policias, eso seria matar al mensajero.
    Piensalo un poco por este otro lado que te voy a comentar y dime que te parece, ya que ahora mismo es lo que esta sucediendo en este pais. Donde todos estan indignadisimos por no poder hacer lo que voy a comentarte.
    Ese mismo piso del que has visto lazar a sus legitimos propietarios, por la fuerza sin que medie nada ni nadie, donde las lagrimas probablemente no se terminen en los proximos años, por el simple hecho de que no tienen dinero para pagar en este momento, en unos dias llega tu hermana y lo compra como un chollo que le ha ofrecido el “hijo de la gran p…” del banquero de tu barrio. Ademas por menos dinero del que SI hubiera podido pagar esa familia.
    A quien te cargas primero al bankero o a tu hermana?
    ………

    Saludos.

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    • Hola querido amigo.

      Los policías no son los culpables. Pero creo que ellos podrían ser una solución provisional mientras nuestro país no sea administrado por personas inteligentes, honestas, capaces y con sentido común.

      Creo que en el comentario que hay justamente aquí abajo, de CiudadanoNick, se dan algunas pistas de esto que pretendo decir.

      Un fuerte abrazo.
      Manu

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  2. Como acabo de decir en twitter este texto ha llegado a mi corazón ciudadano. Y apenas he necesitado empatía. Siempre he dicho que la obediencia debida, la suprema, es hacia la Constitución. Y allí hay varios Artículos a los que se pueden acoger esos policías para no desahuciar a familias pobres y dejarlos a la intemperie como si fueran indigentes. Si el responsable policial levanta acta explicando porqué no utiliza su autoridad para desahuciar a una familia pobre y sin nada, el propio juez podría tirar de leyes para que el Banco tuviera que esperar a que esa familia, al menos alguno de sus miembros, encontrara trabajo o una fuente mínima de ingresos con la que pudiese alquilar una vivienda. Por ello recomiendo a los sindicatos policiales que investiguen este recurso de ampararse en la Constitución para no desahuciar a familias sin nada. Creo que en el laberinto legal se puede encontrar la solución, porque más delito comete un banquero que dejar a una familia entera en la calle, a una familia pobre que no pueda pagar la hipoteca.
    En fin, gracias, Manu.
    😉
    @ciudadanoNick

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    • Hola CiudadanoNick.

      Te agradezco sinceramente tu visita, y me siento muy halagado por tus palabras. Asimismo, estoy totalmente de acuerdo con todo lo que dices; deberíamos darle una vuelta a tu propuesta.

      Te espero más veces por aquí.

      Muchas gracias.
      Manu

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  3. He visto a parejas recién creadas con trabajos muy inestables acceder a hipotecas perpetuas para avalar casa, muebles, coche y algún viaje exótico. Todo a cambio de intentar “defraudar” numericamente al prestatario.
    Un servidor en cambio, intento y consiguió engañar a la “autoridad” para conseguir licencia de primera ocupación, sin puertas interiores, alicatados,de muebles mejor no hablamos, lamparas (por supuesto) y alguna que otra incomodidad.
    No quiero parecer insolidario, aunque seguramente lo sea; pasado el tiempo, cada cual tiene aquello que sembró.
    Me sientan ahora tan mal las noticias de desahucio, como antes las posiciones prepotentes.
    Sigo siendo el que, ya avisaba hace 11 años de la burbuja (testigos tengo), utiliza aun las toallas de la mili al salir de la ducha.

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  4. Hola Juan Francisco.

    Bienvenido a este blog.

    Tras leer tu comentario es evidente que apoyas la tesis de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. En esto difiero contigo. Considero que NO hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, sino que hemos aprovechado las posibilidades que se nos brindaban.

    Si a un niño de quince años le permites llegar a casa a 00,00h, lógicamente, este niño del ejemplo llegará a casa a las 00,15h. Si sus padres lo castigan, estarán limitando las posibilidades del niño para la próxima vez. Pero si los padres no reaccionan a tiempo, estarán ampliando las posibilidades del adolescente y la próxima vez llegará a las 00,30h. Este niño, como no podría ser de otra manera, aprovecha al máximo sus posibilidades. No disfruta por encima de ellas, sólo las explota hasta el límite. Así es la naturaleza humana, afortunadamente.

    ¿Quiénes son los culpables, el niño o sus padres?

    Si a un adulto le permites que te pida dinero prestado para que se lo devuelvas en cómodos plazos y además, le adornas (le mientes) el panorama venidero para que no tema al futuro, aunque los cálculos teóricos marquen que sólo debería pedirte 1.000, lógicamente, este adulto del ejemplo te pedirá 1.200 o 9.700. Si el prestamista lo acepta, el lógico que el prestatario lo aproveche, porque además, no sólo el prestamista del ejemplo, sino todo el sistema de préstamos estaba animando, fomentando, impulsando, facilitando, incitando, MINTIENDO… para que la gente se permitiera disfrutar de la calidad de vida que cree merecerse.

    ¿Quiénes son los culpables, el prestatario o el sistema de préstamos?

    Quizá el problema sea que la sociedad en general carece de conocimientos básicos y necesarios sobre finanzas personales, y esto es lo que hace que los cantos de sirena de los políticos y banqueros nos narcoticen y nos haga caer en sus trampas. Pero ellos son los tramposos, no aquellas familias que lo único que quisieron era ser más felices.

    ¿El dinero da la felicidad? Mi penúltimo libro dice que SÍ: http://goo.gl/2kqU3

    Muchas gracias por tu aportación. Te espero más veces por aquí.
    Manu

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  5. Necesitamos más lecciones de economía familiar para no llegar a situaciones extremas…saber gestionar correctamente lo que tenemos es fundamental para no llegar a esta triste y real situación.
    Los policías cumplen con su (en ocasiones) “amargo” trabajo, no creo que sea de buen gusto tener que desahuciar a personas de sus hogares, de hecho es la profesión con más bajas psicológicas,por algo será…sigo pensando que por encima de su profesión está la humanidad que ocultan debajo de su uniforme.

    En época de crisis hay que esforzarse doblemente y aprovechar todas las oportunidades.

    Saludos Manu!

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    • Hola Sonia.

      Tu comentario es muy denso y está repleto de aspectos muy importantes. Me siento tentado a desmenuzarlo y opinar sobre cada uno de los puntos importantes que has tratado, pero me conozco y me podría enrollar demasiado, lo cual, entre otras cosas me encanta y me pone mucho. Pero esta vez, y sin que sirva de precedente, me voy a limitar a agradecerte tu visita y tu aportación.

      Por favor, vuelve por aquí a menudo.

      Un abrazo.
      Manu

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