Una camisa de más de nueve metros…

¿Alguna vez has sido consciente de que te estabas metiendo en una camisa de once varas?

Yo lo estoy sintiendo ahora.

Los animales tienen instinto. Los humanos tenemos intuición. En el año 2008 leí en un libro que en las escuelas de negocio americanas se estaba empezando a estudiar la importancia de usar la intuición en algo tan pragmático como son los negocios.

Como no había ningún curso ni ningún manual donde te enseñaran a usar la intuición, entonces yo decidí aprender a manejarla de la mejor manera que se puede aprender algo: practicando. Así que desde entonces escucho a mi estómago, que es donde yo ubico a mi intuición. Y con la práctica, mi estómago cada vez se equivoca menos…

Y mi estómago me dice que me estoy metiendo en una camisa de once varas.

Nunca he entendido esta expresión coloquial de “meterse en camisa de once varas” para significar que uno se va a complicar la vida. Una vara es una medida de longitud que equivale a 0,85 metros; por tanto, una camisa de 11 varas sería una camisa de más de 9 metros. No debe ser muy complicado entrar y salir en una pedazo de camisa como ésta…

Pero mi estómago me dice una y otra vez que no me meta. Yo intento huir pero no lo consigo. Hay algo que me tiene cautivado y dominado. Trato de esquivarla pero me atrae y me hipnotiza. Sé que no me conviene porque si no me hace daño a la entrada, me lo hará a la salida. Sé que no me conviene…

Es como una especie de juguete. Yo quiero ese juguete, aunque el juguete quiere estar con críos. Yo ya no soy un crío, a pesar de lo asquerosamente joven que soy. Además, ¿quién va a cuidar y mimar a un juguete mejor que yo, que ya juego con cosas de mayores? En cambio, un juguete en manos de un crio seguro que acaba roto, o abandonado en un trastero. Los críos se hartan muy pronto de sus juguetes, y cuando lo pierden, entonces lloran. Éstos críos…

Es como un juguete. Es como una droga dura, que me tienta, que me provoca, que me anima, que me convence… Me la prohíbo pero sé que puedo caer. Me domina, me ciega, me fascina, la tengo en mi mente de forma crónica. Me esfuerzo por no rendirme fácilmente, lucho de forma brava por escaparme de su hechizo, pero todo resulta baldío e inútil, porque me tiene atrapado.

Es fácil caer en sus garras porque ahora que me falta me siento apático; sin embargo, cuando me imagino consumiendo esa droga o jugando con ese juguete me dan placenteros ataques de taquicardia y me sube la tensión de forma deliciosa: pum pum, pum pum, pum pum…

Pero me da miedo, mucho miedo, porque es lo único que en esta vida, con un chasquido, me puede llevar de la euforia al desánimo, del clímax al vacío, del mismo paraíso al averno… Lo malo es que cuando piensas que puedes estar en el paraíso, ya no puedes conformarte con vivir con los pies en la Tierra.

Lo fácil de conseguir no motiva; lo imposible tampoco. La motivación máxima se alcanza cuando la probabilidad de éxito está equilibrada con la de fracaso. Sin embargo, en este caso sé que sólo hay una posibilidad de ganar entre infinitas de perder. Por eso, estoy seguro de que voy a perder. Tanto si lo intento como si no, voy a perder. No obstante, prefiero la probabilidad que existe de ganar si hago algo, que la certeza de perder si no hago nada.

¿Alguna vez has sido consciente de que te estabas metiendo en una camisa de once varas?

Yo lo estoy sintiendo ahora. Pero… ¿qué hago? ¿Qué puedo hacer contra esa droga tan poderosa que me tiene pillado a pesar de que ni siquiera la he probado…?

Gracias por “escucharme”. Creo que mientras te lo he contado he llegado a la conclusión de lo que tengo que hacer…

¡Gracias!

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10 pensamientos en “Una camisa de más de nueve metros…

    • Hola de nuevo, J.

      Ni te imaginas cuánto de feliz me hace que te guste mi forma de escribir. Si no fuera por los comentarios como el tuyo, sin duda, yo me dedicaría a otra cosa, al bricolaje, por ejemplo.

      Gracias, maja.
      Manu

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  1. Mi padre siempre decía que el “no” siempre lo tienes, que el sí hay que buscarlo aunque las posibilidades sean mínimas,y ya sabes, los padres siempre tienen razón…,y la camisa es muy grande, pero no tan grande como tu deseo de conseguirlo!
    Para luego es tarde!
    Me ha encantado Manu!!

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  2. Hace poco leí (muy raro en mi) que los grandes avances científicos referentes al cerebro, habian descubierto un segundo y un tercer cerebro en el cuerpo humano.
    El segundo de estos cerebros según estos científicos se encuentra en el estomago, de ahi que muchas veces en nuestras vidas ante una situación anormal, difícil o complicada se nos haga el famoso “nudo”, yo creo que debemos de escuchar mucho a nuestro estomago cuando nos quiere decir algo, pero lo realmente sorprendente es el donde se ubica el tercer cerebro, que según los mismos científicos se ubica en el corazón, no hay nada que explicar con respecto a esto, todos sabemos que nuestro corazón, efectivamente también piensa.
    En base a esta introducción, si tu intuición te dice que lo hagas y ademas eres capaz de procesarlo como lo has hecho con el corazón y ademas ha tenido que intervenir el primer cerebro descubierto que lo sitúan en la cabeza y es el que te hace escribir de esta manera prodigiosa, MANU “a que coño esperas”

    Saludos
    Ramon

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