¿Te imaginas que la vida tuviera una fecha de caducidad definida?

Hace tan sólo unos días, en el gimnasio, mientras yo estaba haciendo dominadas con una mancuerna de 20 kilos entre mis piernas para sumarlo a mi propio peso corporal, y así dificultar la ejecución del ejercicio, sorprendí a dos chavales jóvenes de unos veintipocos años, diciéndole el uno al otro, y refiriéndose a mí: “mira el pureta ése lo fuerte que está”. Obviamente, la parte de “lo fuerte que está” se vio lamentablemente eclipsada por lo de “el pureta ése”.

He de reconocer que me sentí mal. Incluso en cuanto llegué a mi casa me afeité la perilla con el objeto de aparentar tener menos edad. Realmente logré restarle a mi apariencia varios años. Sin embargo, cuando me miraba al espejo no me hallaba en mí mismo. De manera que no merecía la pena aparentar ser más joven y vivir en mi propia casa con un extraño; por eso, nuevamente llevo estos característicos vellos alrededor de mi boca…

Afortunadamente, a lo largo del tiempo he adquirido la habilidad de contarme a mí mismo aquello que necesito escuchar cuando me siento mal. Y cuando soy consciente de que ya no tengo veinte años, me digo lo siguiente: una de las cosas buenas de la vida es que no sabemos hasta cuándo vamos a vivir. Por eso, todo el mundo goza de todo el tiempo disponible hasta que muera, y al ser este tiempo indeterminado, nos permite vivir sin agobios y sin temor a la llegada puntual de la muerte.

Esto me hace restarle importante al tiempo que ya llevo vivido, que siempre nos parece mucho, y me ayuda a ilusionarme con lo mucho que aún me queda por vivir.

Pero por otro, el hecho de que el tiempo de vida sea indefinido también tiene una parte mala, y es que nos incita a demorar las cosas importantes para más adelante. Si la vida tuviera una fecha de caducidad preestablecida, entonces, viviríamos incómodos, porque cada minuto que pasara sería un minuto menos que nos quedaría por vivir. Pero por otro lado, no dejaríamos para mañana nada importante y viviríamos de forma más intensa. Además, en el colegio seguramente se impartiría la asignatura denominada “Uso adecuado del tiempo”. Enseñarían qué hacer en cada momento para que al final de la vida a nadie le quedara esa angustiosa sensación de que le faltan cosas importantes por disfrutar y por hacer. Evidentemente, nuestra vida sería más enriquecedora por un lado, pero muy angustiosa por otro. De manera que, ya que somos dichosos por tener una vida de duración indeterminada, y además, contamos con la capacidad de optimizar por iniciativa propia nuestro tiempo de vida, entonces… ¿por qué no lo hacemos?

Piensa por un momento: ¿qué podrías hacer, que no estés haciendo aún y que, si lo hicieras de forma habitual, produciría una inmensa mejora en tu vida?

¡Piénsalo!

Estoy totalmente seguro de que esas cosas que podrías hacer son importantes pero no son urgentes, y que por no ser urgentes no las estás realizando todavía. Las estás aplazando para más adelante. Para cuando tengas tiempo. Pero es que precisamente ahora mismo es cuando más tiempo tienes. Además, dispones de veinticuatro horas cada día, como todo el mundo.

Hay que afrontar las cosas importantes antes de que se conviertan también en urgentes, porque las cosas importantes y urgentes suelen ser situaciones dificultosas, conflictivas, problemáticas, peligrosas, angustiosas, molestas… Piénsalo y verás.

Veamos un ejemplo de esto último:

Hay personas a las que les gustaría dejar de fumar. Son conscientes de que fumar es perjudicial para ellas mismas y para las personas de su alrededor. Saben que dejar de fumar es muy importante. Sin embargo, no hacen ahora el esfuerzo necesario para abandonar el vicio del tabaco, porque en el fondo algo les dice que no pasa nada si esperan un poco más, que no es urgente, que ya lo harán a principios del próximo mes, o a principios del próximo año… Pero, un día, se despiertan con una grave enfermedad provocada por el tabaquismo. Ahora dejar de fumar no sólo es importante, sino que además es muy urgente. Ahora estamos frente a una situación crítica, angustiosa, peligrosa…

Mucha gente es consciente de cuáles son esas cosas beneficiosas para su vida, pero no empezarán a desarrollarlas todavía porque aunque se trata de cosas importantes, aún no son urgentes. Se puede empezar mañana, o el día uno, pero como éste cae en miércoles, pues entonces empezamos el lunes próximo… Hablo de hacer ejercicio físico, dejar de fumar, beber menos alcohol, comer de forma sana y equilibrada, empezar a estudiar, leer un poco cada día, desarrollar la mente resolviendo sudokus, crucigramas, enigmas matemáticos…

Si naciéramos un día y supiéramos que tal día como ése, pero dentro de por ejemplo noventa años, tendríamos que abandonar este mundo, entonces no dejaríamos nada para el próximo lunes…

¡Qué curioso…!

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